Naturalmente que sí, que la FIFA se pasó con el castigo a Luis Suárez, teniendo en cuenta la historia castigadora de este organismo culebra del fútbol mundial, cuyos mordiscos son peores que los del jugador uruguayo. Porque el jugador, ya lo dijeron los siquiatras, tiene necesariamente que recibir un tratamiento por desequilibrio mental, en sus arrebatos.
Y así cómo él es incapaz de sujetar ese desequilibrio cuando se desconcierta, el máximo organismo del fútbol, luego, a la hora de recapacitar desembucha lo que le conviene en lugar de lo que, realmente, es legal, de acuerdo a un estudio, deportivo-patológico de la agresión que se discute. Pero el Comité de Disciplina de la Fifa, es un cuerpo dirigencial de amigos, puestos ahí, en ese cargo, más por obligaciones de consenso amigable que por sus propios conocimientos leguleyos.
Además de que, cuando recurren al Reglamento o Estatutos disciplinarios, siempre redondean con sus castigos, algún artículo que los deje a ellos liberados de cualquier error sancionable. Unos reverendos vivos. Conozco a más de uno de ese Comité Disciplinario y puedo asegurarles que apenas tiene poder de opinión, porque ahí no existe la mayoría a la hora de juzgar, sino un poder de mando único e impositor.
Me enteré bien de ello, cuando castigaron a Maradona en el Mundial de Estados Unidos con quince meses de castigo sin poder jugar, solamente porque el positivo que había dado el supuesto dopaje del Diego era de efedrina, pero no de cocaína, me confesó uno de los miembros del Comité.
Y es que uno de los médicos había manifestado que el jugador, posiblemente había tomado cocaína no ese día, sino unos días antes y para curarse en salud se tomó luego la efedrina porque ese producto anulaba, por su potencialidad la posible previsión de que fuera coca la prueba del dopaje, ya que la efedrina, según el propio Diego no constituía prueba alguna de dopaje.
Ahora, al jugador uruguayo, lo sancionan abruptamente. Y a la lista de los grandes agresores que tuvo el fútbol lo añaden, calificándolo como el más bochornoso de todos. A los Tassoti, Zidane, Pepe, cuando destrozó a Casquero y estuvo a punto de matarlo, Juanito, Cantona, lo que no deja de ser una demostración de que la FIFA no fue imparcial ni siquiera tuvo en cuenta las causas o justificaciones que, clínicamente, lesionan al jugador charrúa.
Es que no tiene sentido moral y equitativo, sancionar, más allá de los cuatro meses expulsado del fútbol y los nueve partidos internacionales la prohibición de entrar en los estadios a ver fútbol. Que lo conviertan en un asunto de estado, una falta futbolística es algo desconcertante e irrespetuoso al ser humano. Es que acaso la FIFA es el estado o es el país que es el único que, en todo caso tendría autoridad para determinar si una persona pueda o no entrar a un espectáculo público deportivo. Por favor. Tiene razón el periodista español cuando termina acusando a la FIFA de hipócrita, populista y arbitraria: no sabe porqué meter el dedo en un ojo, dar un codazo, pegar un cabezazo, o romper tibia o peroné sale más barato que un mordisco. También tiene razón cuando manifiesta que ha perdido autoridad moral desde que no sanciona la corrupción de sus miembros y ejemplariza sin criterio los castigos a los jugadores.
En mis setenta años metido en fútbol, jugando, escribiendo, narrando, comentando, he conocido y bien a fondo, a más de un atorrante y corrupto de la FIFA, para luego ser convertidos, aparte de millonarios, en jueces de la honestidad. Qué mentirosos.
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