Ya estamos a la vera, verita, vera de Brasil 64, le endosamos este número porque, como ustedes saben, se cumplen con este Mundial sesenta y cuatro años del celebrado en el 50 en tierras brasileñas, si mal no recordamos. Y, por eso, precisamente vamos a tratar de recordarles lo más destacado de las 19 ediciones anteriores cuando entramos en el XX .
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| El equipo Uruguayo, campeón mundial en 1950 |
Fue así como, al llegar a la final, los brasileños tenían cuatro puntos, victorias sobre Suecia y España y los uruguayos tres, triunfo sobre Suecia y empate con España. De tal manera que, cuando charrúas y brasileños entraron al Maracaná a jugar la final, Brasil tenía tan sólo que empatar para ser campeón y los uruguayos no les quedaba otra que ganar. Una injusticia.
Pero, con todo eso, los uruguayos que, además empezaron perdiendo, ahí mismo dejaron la vida en el terreno de juego, con su capitán Obdulio Varela al frente, y derrotaron sensacionalmente a su rival, en un estadio con doscientos mil brasileños que vieron conmovidos con su selección, con todo a su favor, perdía el título ante los bravísimos uruguayos.
Se puso de manifiesto en este juego la grandeza del fútbol uruguayo al lograr el mayor mérito de un seleccionado en una final de un Mundial en toda su historia para imponerse a su contrario, haciendo causa común con aquel célebre dicho de que “En el fútbol es más importante el hombre que el futbolista”. El segundo gran mérito se lo contamos en nuestro próximo stop.
2 ZIDANE
Cuando Djamal Zidane logra el gol del triunfo , que le vale al Real Madrid para obtener la novena Copa Champions, en una sensacional y acrobática volea, llevando el balón a la red, con la zurda, el estadio queda mudo de admiración, al igual que los millones de televidentes que estaban viendo el juego por la pequeño pantalla, para luego estallar en una enorme explosión de júbilo y admiración por la belleza y espectacularidad del gol, más allá de la transcendencia que esta anotación significaba por ser el gol del triunfo, por acabarse ahí todas las dudas. Porque ahí empezaba el Real a ser Campeón. Esa noche, dicen, los que pudieron verlo, que La Cibeles, sin bajarse de su carreta, se fue a dormir al Santiago Bernabéu para prepararse y descansar, para el agasajo que le iban a brindar los jugadores y Madrid entero al regresar con la Copa de Campeones. Qué lindo.Mientras, en la habitación del hotel, Zidane tenía a su lado el balón. Lo miraba y remiraba y lo tocaba y lo retocaba. Y el balón, tan contento como el jugador, que le confiesa, emocionado: “Cuando vi que iba en tu dirección a metro y medio del suelo, y te vi mirarme con tanta intensidad y firmeza, al mismo tiempo que ibas preparando tu cuerpo, de medio lado, buscando posición de remate, y siempre con tu mirada, firme y segura, me di cuenta de que ya era tuyo. Tan seguro estaba que, cuando me diste el zapatazo, tan perfecto y acomodado, acompañando el empeine, con la potencia del esfuerzo, físico y mental, que, cuando quise reaccionar, estaba ya, en el fondo de la red, inmensamente feliz. Que grande eres Zidane. Ya eres leyenda hermano. Argelia, Francia y España se abrazan con el Real Madrid, mientras el mundo continúa aplaudiéndote. Qué locura. Si quieres que te sea sincero a nadie le pertenecía ese gol con más derecho que a ti, por eso cuando te vi, ahí mismito te fui a buscar. Y por eso mismo, también, el mundo se alegró tanto, por eso España te abraza, por eso el Real te conquistó.”
Zidane a todo esto se quedaba tan mudo como admirado, mientras el balón continuaba: “Sin embargo, Zidane, estoy triste, y ahora que estamos aquí, sólo los dos, debo confesarte que estoy triste, porque escuché, yo lo escucho todo. Que has renunciado a seguir en el Madrid porque y que te retiras, aunque te queda todavía un año de contrato. Me han dicho que no hay forma de convencerte. Y que incluso renuncias a no sé cuantos millones que tenían que darte si hubieras continuado. Que honestidad, qué bárbaro. Pero, ¿Cómo me vas a dejar sin la alegría de tus toques, tus rabonas, tus quiebros, pases, goles? No, por favor si me dejas te juro que me desinflo ahora mismito”
Fue, cuando Zidane lo vuelve a tomar con las manos, lo acaricia, lo acerca a su corazón, lo mira y le responde:
El corazón tiene razones
Que la Razón no comprende

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