miércoles, 4 de junio de 2014

SE VUELVEN A ENCONTRAR


 Pues sí, nuestros dos grandes equipos gallegos, el  Celta de Vigo y el Deportivo de A Coruña, la próxima temporada volverán a medir sus fuerzas ya en la máxima categoría del fútbol español. A través de su historia se han medido muchas veces y han coincidido, tanto en Primera como en Segunda, siendo sus enfrentamientos de gran colorido y pasión.

El Celta jugó más año en Primera, pero el Deportivo hizo más puntos, en todo caso el cuadro coruñés hizo mejores campañas hasta el punto de llegar a ser Campeón y cuatro veces subcampeón, sin embargo el Celta siempre ha tenido más simpatías en toda Galicia, se le tiene por más gallego, algo que tiene mucho de razón, empezando porque el cuadro vigués honró siempre, con su uniforme a Galicia, porque no en balde sus colores, son los colores de la bandera gallega. Y con Franco, que estaba prohibido usar banderas regionales, solamente la de España, sin embargo el cuadro vigués nunca se la quitó. 


 Este año se presenta muy lleno de emotividad porque el Celta hizo una gran campaña para afirmarse en la Primera División, logró formar un buen equipo y esto, posiblemente, estimule su futuro de cara a esta próxima temporada, que la esperan con mucha ilusión, sobre todo porque uno de sus grandes rivales será su gran rival coruñés.

Así, pues, coruñeses y vigueses esperan  con gran expectativa esta  doble contienda jugar en Balaídos y en Riazor y en dónde, por  supuesto, serán sus dos grandes hinchadas las que disfrutarán  y gozarán de la disputa del triunfo desde las gradas, como si en el propio terreno estuvieran. Felicidades, pues, y disfruten todo lo que puedan, respetando, eso sí, la tradicional deportividad que siempre existió en estos enfrentamientos.


                                                        FUTBOLERÍAS 

MAURO SILVA. Cuando Mauro Silva, el  extraordinario medio campista que ganó con Brasil el Mundial del 2004 en los Estados Unidos, un monstruo de fortaleza física en el terreno de juego, para dominar como nadie el espacio en dónde se fabrica el fútbol, y en dónde, además, se ganan los partidos, jugó el último en Riazor, defendiendo los colores del Deportivo de A Coruña, luego de nueve años de propiedad de esa zona, en el cuadro gallego, todo el mundo lloraba. Lloraba porque no se creía que más nunca esa grandioso todoterreno, volvería a vestir la franela con la que el Deportivo alcanzó las mayores glorias de equipo de fútbol, para su ciudad y para Galicia. Nada menos que un título de Liga, dos Copas del Rey, tres Supercopas de España, tres subtítulos de Liga y cinco años consecutivos participando en la Champions, llegando hasta las semifinales, además de la Copa de la Uefa y la Recopa, también llegando a las semifinales. Un pedazo de jugador  y de  persona .En Galicia a estos hombres buenos se les dice “pedazo de pan”. Por eso lloraban tanto, recorriendo el campo en hombros de sus compañeros. Era el ídolo que nunca volverá, era el amor al ídolo que se iba, era el recuerdo, en vivo, de sus grandes y memorables juegos que nunca más volveríamos a ver. Era como tenerlo y no tenerlo. Tan cerca y tan lejos  y los minutos con su paso nos acercaban cada vez más al drama de no volver a verlo de blanquiazul, los colores que nadie  supo defender como él. La número ocho nunca más tendrá dueño.
   Al llegar al vestuario, los abrazos de sus compañeros continuaban. Su rostro,  húmedo por las lágrimas, él también lloraba, trataba de sonreír, pero no podía. Y es que él, también sabía que nunca más, sería vitoreado, admirado y querido por un público, como el público coruñés que  le sabía agradecer, como nadie, su entrega, su aporte y su grandeza futbolística en defensa de los colores blanquiazules. Cuando agarró, el balón, que no salía de su lado, y lo miraba, igualmente emocionado, fue ese mismo balón quien  lo puso a parir, cuando le recordó las palabras del poeta: 
                                                         Ese amor que quiere ser
                                                         Acaso pronto será; 
                                                         Pero ¿cuándo ha de volver
                                                         lo que acaba de pasar?
                                                         Hoy dista mucho de ayer.

                                                         ¡Ayer es nunca jamás!  



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