Una semana después, concluido ya el Mundial de Básquet, en España, siguen llorando el fracasado intento de ser campeones. Lo malo es que, tanto los medios como los aficionados, influenciados por esos medios, tienen establecida ya su cabeza de turco y de ahí no hay quien los saque. El técnico, Juan Antonio Orenga.
El presidente de la Federación Española de Básquet, José Luís Sáez, salió en defensa del técnico, Y señaló que sería un cobarde en estos momentos si lo bota. A esto se le puede llamar honestidad y además lo defendió. Cien puntos.
Todo nace cuando antes del Mundial, los medios, sobre todo los deportivos, y en los juegos amistosos de preparación, todos ganados, así como la primera ronda eliminatoria y los octavos de final. Bueno, una maravilla, de acuerdo a sus títulos y a sus calificativos, no había para nadie más. Ya eran campeones, ni siquiera los yanquis eran enemigos. Lo peor, es que los jugadores se lo creyeron. Es la impresión que dieron contra Francia.
Pero, fue al entrenador a quien le echaron todas las culpas, que no hizo los cambios necesarios, que si Marc Gasol fue al nacimiento de su hija, y dejó la concentración, además de otras especulaciones. Ahora bien, el técnico fue el que falló las triples contra los galos, los dobles, los puntos de las faltas, fue el que abrió los espacios, por donde se metían los franceses. Qué locura.
Ganaron los franceses porque jugaron espectacularmente, los españoles se lo creyeron y cuando despertaron, el marcador era adverso. Ley del deporte, ley de la vida. Mientras ganaron nadie alabó al técnico, ahora poco menos que tiene una soga al cuello. Malucos.
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